en 1347 la enfermedad fue llamada «la plaga». Procedía del mar, y se extendió por las ciudades comerciales de Génova, Florencia y Venecia. En Florencia por ejemplo se sabe que mató a las tres cuartas partes de la población, y puede que a la mitad. Si suponemos que Europa tenía unos 80 millones de habitantes, pudieron morir aproximadamente 25, 30 o quizá 40 millones. En 1743, después de un último brote en el mismo lugar donde había aparecido ―las costas próximas a Messina―, desapareció misteriosamente. Para entonces había cambiado la faz de Europa, sacudiendo la sociedad hasta la médula.
durante los cuatrocientos años que recorrió el continente la gente pedía una explicación. En Avignon, el Papa Clemente VI no dudaba que se trataba de un castigo de Dios, por los pecados de la humanidad. Para calmar la ira de Dios, el Papa compuso una oración y ordenó procesiones por todo el orbe cristiano, que como es lógico no sirvieron para nada. La plaga azotaba por doquier y la iglesia se mostraba impotente para ayudar a las víctimas. La necesidad de respuesta y tratamiento crecía, muchos rechazaron a la iglesia y fueron a consultar a los médicos.
los médicos estaban en las grandes Universidades europeas, París, Montpellier y Padua. Se trataba de doctores educados en la Medicina hipocrática, eran filósofos, no conocían la práctica. Sus conocimientos venían de la época grecolatina, sus libros tenían mil años de antigüedad. El rey francés Juan II consultó a los expertos más notables del momento, de la Universidad de París: «aunque nos basamos en los mejores doctores antiguos y modernos, en los astrónomos y en los médicos, no podemos explicarlo todo, porque el conocimiento absoluto es imposible. Pero creemos que la primera causa de esta plaga fue y es la distribución de las constelaciones del cielo.»
los doctores buscaron explicación en los movimientos de los planetas. Cada planeta tenía sus propios atributos, y estos atributos podían acarrear consecuencias catastróficas para la humanidad. Dijeron que todo había ido mal ya tres años antes de la plaga: «pasada una hora desde el mediodía del 13 de marzo de 1945, se dio una gran convergencia de tres planetas en Acuario». Los tres planetas en conjunción fueron Saturno, Marte y Júpiter. Saturno y Marte eran malvados y hostiles, y tanto Marte como Júpiter eran planetas calientes. Por eso hubo un exceso de calor y maldad que empeoró al coincidir los tres en Acuario.
la teoría del aire envenenado encajaba perfectamente con la de la ira de Dios, ya que Dios había creado las estrellas. Los doctores no podían hacer nada contra la conjunción de planetas, pero creían que sí podían aumentar la resistencia humana para que el aire envenenado no entrara en el cuerpo. Los seres humanos estaban constituidos por cuatro fluidos corporales o humores: la bilis negra y la amarilla, la sangre y la flema. Tanto por exceso como por escasez de uno de ellos la salud sufriría un desequilibrio. El mejor consejo de los médicos era armonizar los humores. Como la plaga provocaba una gran fiebre se le echaba la culpa a la sangre y se debía recurrir a las sangrías, «hasta que el paciente quede inconsciente.»
los síntomas eran muchos: piel descolorida, dolores de cabeza y grandes bultos en las ingles, detrás de las orejas y en las axilas. Los barberos hacían las sangrías y cortaban los bultos, ya que estaban acostumbrados al uso de la navaja. Morían gran cantidad de médicos y clérigos, debido al contacto con los enfermos. Y no importaba lo que los médicos recomendaran, la gente seguía muriendo.
ronronea: claudia





































