Mostrando entradas con la etiqueta paseos literarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paseos literarios. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de junio de 2013

un paseo por la Venecia de Manuzio




Aldo Manuzio es un producto cultural totalmente coherente con su ciudad adoptiva, Venecia, que en aquellos años era una formidable potencia artística. Veamos algunas muestras. Mientras Aldo frecuenta el taller de Andrea Torresani (asociado a la viuda del gran Nicolas Jenson, un francés absolutamente magistral en la historia de la imprenta, activo en Venecia de 1470 a 1482 y a quien Manuzio por poco no llegó a conocer), con el propósito de conocer las reglas fundamentales del oficio tipográfico, Pietro y Tullio Lombardo construyen por su parte la fantástica iglesia de Santa Maria dei Miracoli (1481 a 1489), considerada una de las joyas más valiosas de la arquitectura religiosa renacentista, alternando tan excelsa labor con la reconstrucción del Palazzo Ducale, que había destruido parcialmente el fuego pocos años antes.




mientras tanto, Giovanni Bellini pinta algunas de sus obras maestras, como por ejemplo la Sacra Conversazione (1490) que se conserva en la Galleria dell’Accademia, diestramente pintada con la revolucionaria técnica al óleo que acababa de enseñar a sus paisanos Antonello da Messina. Según Vasari, «la dulzura de la luz baña una composición rigurosa» y, ciertamente, es una de las piezas más solemnes de la producción de Bellini, junto a la versión del mismo tema en forma de tríptico que preside, todavía hoy, el complejo religioso que se inauguró en 1492 en Santa Maria Gloriosa dei Frari, verdadero panteón de las glorias de Venecia.





esos años en que Manuzio lucha para poner a punto su imprenta son, también, los de la eclosión definitiva de otro gran artista: Vittore Carpaccio. Precisamente de 1490 a 1496 pinta un ciclo impresionante e insólito en la producción de la época: nueve lienzos monumentales, dedicados a relatar la leyenda de santa Úrsula de una forma que se ha convertido con los años en arquetipo de la escuela veneciana.





el mismo año en que Aldo saca los primeros libros al mercado ―en 1496―, Alessandro Leopardi concluye el pedestal de la famosa estatua ecuestre del Condottiere Colleoni que había dejado incompleta Andrea Verrocchio veinte años antes y que desde entonces se considera pieza emblemática de la ciudad de los canales. Al mismo tiempo, Mauro Codussi levanta la espectacular torre del reloj en la renovada plaza de San Marcos y Giovanni Candi construye la célebre escalera de caracol del palacio Contarini del Bovolo.






poco después de que Manuzio fundara la Academia Aldina y luego de acometer definitivamente la insólita colección de bolsillo de clásicos grecolatinos, Carpaccio realizó la segunda obra maestra del colosal artista veneciano: las famosas escenas de la vida de san Jorge y san Jerónimo (1502-1507) que pueden verse todavía en la diminuta escuela de San Giorgio degli Schiavoni.




en fin, también entonces se construye la Scuola Grande di San Rocco, la más grande y rica de Venecia que contará ―sesenta años más tarde― con las cincuenta y seis célebres pinturas de Tintoretto, actualmente consideradas como una de las manifestaciones magistrales del manierismo veneciano. Estos años será, por cierto, los del máximo esplendor de la arquitectura del genial Andrea Palladio, que engalanó la ciudad de los canales con los inconmensurables y sucesivos templos de San Giorgio Maggiore, Le Zitelle e Il Redentore.







y como sería descortés irse sin saludar al anfitrión, finalizamos el paseo con una visita a la casa de Manuzio. Está en Rio Terà Secondo, a pocos pasos de Campo Sant'Agostin. En una de las placas que hay en la fachada se reproduce la tipografía aldina.





post relacionados:
el libro más bello del mundo
el arte de la imprenta en Venecia

ronronea: claudia

martes, 5 de junio de 2012

en Londres con Dickens (2 de 2)


al norte de la calle Fleet está el Lincoln’s Inn ―sede de una de las asociaciones jurídicas―, al cual se puede llegar desde la calle de la Cancillería por la puerta Tudor, por el mismo camino que siguió Esther Summerson en La casa lúgubre. Puede que en una tarde invernal la escena todavía sea parecida a la que vio Dickens: luces que «asoman entre la niebla en diversos puntos de la calle. La mayor parte de las tiendas, iluminadas dos horas antes de lo corriente. La desapacible tarde es más desapacible, y la densa niebla más densa en las proximidades de ese viejo obstáculo con techo de plomo, apropiado ornamento para el portal de una vieja institución también coronada de plomo: el Temple Bar. Y detrás del Temple Bar, en Lincoln’s Inn Hall, en el mismo corazón de la niebla, se halla el ministro de Justicia en la Sala del Alto Tribunal».


si bien Dickens nació en Portsmouth, en la costa sur de Inglaterra, y murió en su casa de Gad’s Hill Place en Kent, pasó la mayor parte de su vida en Londres, donde tuvo treinta y dos alojamientos diferentes. Uno de ellos fue la posada Furnival, una destartalada casa donde vivían muchos juristas. Estaba situada en Holborn, una animada vía paralela a la calle Fleet. Cuando Dickens se instaló allí era un escritor novel, famoso ya, aunque no por su propio nombre sino por el seudónimo «Boz», con el cual había publicado sus populares Ensayos. No bien obtuvo el primer encargo de consideración, se casó con la hermosa Catherine Hogarth y la llevó con él a esta posada. Mary, hermana adolescente de su esposa, fue también a vivir con los recién casados. Cuando nació el primero de los diez hijos del matrimonio, la familia se trasladó a una casa de doce habitaciones situada en Doughty 48, en el tranquilo barrio de Bloomsbury, casa que es ahora un pequeño museo dedicado a Dickens.


enfrente de Furnival había otra posada llamada Staple, edificada seis siglos antes, y cuyos irregulares muros de medio enmaderado se proyectan sobre la acera. Esta casa fue utilizada por el escritor en su última novela, El misterio de Edwin Drood. Un poco más hacia el oeste está otra residencia de juristas, el Gray’s Inn, donde David Copperfield paró cuando visitó a su alegre condiscípulo Tommy Traddles, ya entonces abogado, que vivía allí.


la sensacional escuela de niños rateros de Fagin estaba en una ruinosa callejuela llamada Saffron Hill, que desemboca en Holborn. En la luz fría del atardecer, Saffron Hill todavía parece siniestra. Es fácil compartir el terror del pequeño Oliver cuando el Trampista Artero lo llevó a la guarida de Fagin. «Jamás había visto un lugar más sucio y miserable. El aire hedía. Había en esa calle muchas tiendas pequeñas, pero las únicas que parecían prosperar en medio de la general decadencia eran las cantinas».


Holborn, lo mismo que la calle Fleet, lleva hacia la City, centro financiero de Londres, donde todavía existen edificios pequeños y oscuros como aquel en que Scrooge tenía su despacho. Finalizamos este recorrido en el mercado de Leadenhall, donde Scrooge, transformado por influencia de la Nochebuena, compra un gran pavo para su pobre empleado Bob Cratchit. El mercado aún se adorna en Navidad con acebo y muérdago, y conserva la misma abundancia y algabaría que el novelista describiera.


más información:
un magnífico plano del Londres de Dickens
Charles Dickens Museum
del pub a la prisión, el Londres de Dickens (BBC)
Charles Dickens' London: A Photo Tour
Great Dickens Christmas Fair

primera parte: en Londres con Dickens (1 de 2)

ronronea: claudia

lunes, 4 de junio de 2012

en Londres con Dickens (1 de 2)


«no había niebla en Londres hasta que Dickens la inventó»
(Oscar Wilde)


comenzamos el recorrido un mediodía nuboso en un estrecho callejón cercano al Banco de Inglaterra. Empujamos la puerta de The George and Vulture, probablemente la taberna más antigua del país y la escena parece una estampa del siglo XIX: filetes y chuletas chirrían en el viejo asador, sombreros hongos y paraguas cerrados cuelgan de las perchas, en las mesas se ven grandes tazas de peltre y, al fondo, compartimentos con cortinas donde almorzaron generaciones de londinenses famosos. Aunque el más célebre de todos ellos fue un hombre que jamás existió, Samuel Pickwick, el rotundo personaje con anteojos protagonista de Los papeles póstumos del Club Pickwick. Fue en este lugar donde se albergaron Mr. Pickwick y su incorregible criado cockney, Sam Weller, mientras esperaban el resultado del ruidoso juicio que por incumplimiento de promesa matrimonial entabló contra él la señora Martha Bardell, querellosa casera del primero. Y fue aquí, en la habitación de cortinas floreadas del piso superior (cuyas paredes aún están revestidas con el mismo roble, oscurecido con el tiempo) donde Mr. Pickwick recibió la citación.


para Dickens, el Támesis simbolizaba el destino siempre cambiante de sus personajes. Muchos de sus escenarios se ubican en las riberas del río, como una amplia escalinata de piedra que desciende hasta la orilla, al lado del Puente de Londres. Allí Nancy, una de las más conmovedoras «malas mujeres» del novelista, se encontró subrepticiamente con Mr. Brownlow y con Rose Maylie para ayudarles a descubrir el misterio que rodeaba el nacimiento de Oliver Twist, niño expósito. Otra de sus heroínas trágicas, ésta redimida, la Marta de David Copperfield, sollozaba: «¡Oh, el río! Sé que es como yo; sé que pertenezco a él; sé que es el compañero natural de las mujeres como yo. Proviene de inocentes lugares campestres, se arrastra por lúgubres callejuelas corruptas y miserables y, como mi vida, ¡se aleja rumbo a un mar siempre alejado!»


ascendiendo por la escalinata de Nancy hasta el nivel de la calzada, pasamos por delante de algunas tiendecitas hasta la calle Lant, donde en 1824 Dickens, niño todavía, vivió solo mientras su padre cumplía condena por deudas. Pudo haber sido el mismo John Dickens quien enunciara el teorema económico que su hijo puso en boca del siempre insolvente Micawber: «Ingreso anual, 20 libras; gastos anuales, 19 libras, 19 chelines y 6 peniques; resultado, felicidad. Ingreso anual, 20 libras; gastos anuales, 20 libras y 6 peniques; resultado, miseria». David Copperfield era Charles Dickens. El niño abandonado de la novela trabajaba en una bodega infestada de ratas, y el verdadero en una fábrica de betún no lejos de allí. David ponía marbetes en las botellas de vino y Charles en los frascos de betún, por seis chelines semanales.


cuando Dickens era joven, se aglomeraban muchos edificios en el sitio donde hoy está Trafalgar Square. Había allí una conocida posada, The Golden Cross, donde el escritor albergó a David Copperfield y a sus condiscípulos, y donde aquel famoso estafador, Alfred Jingle de Ninguna Parte, acaso el más afectuoso bribón de la literatura británica, entabló relación con Mr. Pickwick. Frente a The Golden Cross, al otro lado de la estrecha callejuela, se alzaba la noble iglesia de St Martin in-the-Fields, que todavía está en ese lugar. En sus gradas, David Copperfield encontró al agobiado y exhausto Mr. Peggotty, casi al final de su larga peregrinación en busca de la pequeña Emily, su adorada sobrina.


por las calles y plazas vecinas van y vienen personajes de Dickens. Sydney Carton, el brillante abogado borracho de Historia de dos ciudades, guió a Charles Darnay, el francés que tanto se le parecía, «calle debajo de Ludgate Hill a la calle Fleet y luego, por un camino cubierto, hasta una taberna». Era la Cheshire Cheese, de fama mundial. No lejos de allí, «en lo más alto de la última casa de Garden Court, cercana al río», vivía Pip, personaje de Grandes ilusiones.



segunda parte parte: en Londres con Dickens (2 de 2)

ronronea: claudia