la concepción japonesa del mundo sobrenatural, de los espíritus que regresan del más allá, es muy amplia. Los fantasmas japoneses apartados de la pacífica vida que tenían debido a una muerte trágica, como un suicidio o cualquier otra circunstancia dramática, se llaman yūrei. Cada tipo de yūrei se identifica con un nombre distinto. Por ejemplo, ubume es el espectro de una madre que falleció durante el parto o dejando niños pequeños. Las ubume se manifiestan siempre intentando recobrar a ese niño perdido, un poco en el estilo de la llorona de las leyendas hispanoamericanas. Si hablamos de un goryō nos estamos refiriendo a un espectro vengativo, perteneciente a las clases aristocráticas, en especial aquellos que fueron martirizados. Funayūrei son los fantasmas de aquellos que perecieron en el mar. También están los fantasmas seductores, muy característicos del manga japonés, espectros masculinos o femeninos que después de su muerte inician un romance con un ser humano vivo, desplegando todo su artificio fantasmal y seductor para llevárselo consigo a su otro mundo. Los fantasmas guerreros murieron en combate, en sangrientas batallas, y todavía permanecen en los campos donde cayeron.
de entre toda esta parafernalia fantasmal mis favoritos son los tsukumogami, objetos cotidianos ―como una tetera, unas sandalias de paja o un tarro― que tienen más de cien años. Según la tradición, en el momento que cumplen cien años los objetos comienzan a adquirir una especie de vida animada o sobrenatural, comportándose con los humanos en función del trato que hayan recibido durante todo el tiempo que estuvieran inanimados. Según su forma y su función el espíritu cobra distinta apariencia, y recibe un nombre diferente. Por poner un ejemplo, los paraguas viejos se reaniman como karakasakozou, al paraguas le crecen dos brazos, un ojo y una larga lengua, y empieza a moverse saltando sobre el mango como si fuera una pierna.
lo normal es que los tsukumogami adquieran un toque perturbador, pero también pueden tomar una forma agradable, simpática, de esas que te enternecen y les tomas cariño hasta que un día haces algo que les ofende, y te pegan el susto. Los tsukumogami suelen tener por naturaleza un comportamiento inofensivo, pero si un ser humano los trata de manera indecorosa, por ejemplo tirándolos a la basura ―que es el mayor insulto que se les puede hacer― se vuelven vengativos, pues sienten herido su honor. Como si los objetos tuvieran sentimientos y le estuvieran reprochando a su dueño no haber sido respetuoso con ellos, como ellos lo han sido previamente dando un servicio. ¿Y cómo se vengan un paraguas o unas zapatillas? Pues probablemente de las formas más terribles e insospechadas.
P.D. el colmo de la desdicha: ser japonés y heredar de un abuelo centenario con síndrome de Diógenes
para ver más:
leyendas urbanas y fantasmas japoneses (20 minutos)
la mujina, relato con receta (borgo)
ronronea: naia






















































