sábado, 18 de enero de 2014

historia y leyenda del café (1 de 2)



según una antigua leyenda, el jeque yemení ash-Shadhili recorría Etiopía cuando vio en la falda de una montaña un rebaño de cabras que se movía en una especie de baile con vitalidad desacostumbrada. Lleno de curiosidad las observó y descubrió que comían una baya desconocida. Probó algunas de aquellas semillas, pero al encontrarlas amargas, las hirvió y bebió el líquido: la primera taza de café.

aunque tendría un sabor horrible, el jeque se sintió totalmente despierto y con las ideas claras, por lo que se llevó algunas semillas al Yemen. Allí, esta nueva bebida de propiedades mágicas obtuvo un gran éxito, especialmente cuando alguien hizo experimentos y descubrió que, tostando los granos, la bebida resultaba mucho más agradable.

la nueva moda de beber café se encontró pronto con la oposición de los círculos teológicos musulmanes más conservadores. Si intoxicaba, como el vino, o si inducía a quien lo tomaba a un comportamiento inmoral y escandaloso, la Ley Islámica debía prohibirlo. El problema se agravó cuando el café se extendió a La Meca y Medina, ciudades sagradas del Islam. Hacia el año 1500 ya había en ambas ciudades cafés con música y juegos de azar, originando crecientes desórdenes públicos a altas horas de la noche, risas ruidosas, golpear de panderetas y quejas de ciudadanos respetables.

el viernes 28 de mayo de 1511, Jayr Bey, el gobernador militar mameluco de La Meca, sorprendió a un grupo de soldados de la guarnición bebiendo café en los alrededores de la Kaaba. Les condenó a cincuenta latigazos cada uno, y a la mañana siguiente llamó a palacio a los cuatro jueces supremos de la ciudad, que representaban las cuatro escuelas fundamentales de interpretación de la Ley Islámica. También convocó a once jueces y profesores de leyes de Siria y Egipto, que se hallaban en La Meca de visita. Jayr Bey propuso a este distinguido grupo la cuestión de si el café debería considerarse permisible desde el punto de vista legal, o debía ser prohibido.

tras siete días de deliberaciones exhaustivas, en las que se incluyó el dictamen de los principales médicos de la ciudad, la comisión redactó un informe en el que aconsejaba no permitir el café en lugares públicos ni en grupos. Aquel mismo día se cerraron todos los cafés de La Meca, sus dueños fueron detenidos y se confiscó la mercancía de todas las tiendas que vendían café.

sin embargo, la prohibición no duraría mucho. El sultán de El Cairo no aprobó la decisión del gobernador, y le ordenó revocarla. El empleo del café fue ganando popularidad y, en 1517, al anexionar los turcos Egipto y Arabia a su imperio, adoptaron también la bebida. En 1554, reinando Solimán el Magnífico, dos comerciantes de Alepo y Damasco abrieron el primer café en Constantinopla. Otros les siguieron, y estos establecimientos se pusieron de moda atrayendo a intelectuales ―poetas, escritores, profesores, eruditos, funcionarios― hasta el punto de recibir el título de «escuelas del saber».


el resto de la historia:
el café llega a Europa (2 de 2)

ronronea: naia

17 maullidos:

TORO SALVAJE dijo...

Veo que hace cientos de años también estaban tarados.

Besos.

karin rosenkranz dijo...

que rico por favor, un cafecito ahora mismo. termino de escribir el comentario y me voy a poner una cápsula a la cafetera mágica.

saludos

Bipolar dijo...

Siempre han existido tiranos, déspotas y fanáticos que se creen iluminados por algún dios, consideran que solo ellos pueden decidir que comemos, que bebemos, a quien y como amamos, en la actualidad tenemos muchos y variados ejemplos de estos miserables.

¡¡¡Café para todos!!!. Salud.

Kate Walker dijo...

todo lo bueno es ilegal inmoral o engorda
La Kate

Chuan Che Tzú dijo...

Amiga Maslama: Una vez más me permite usted irme a la cama habiendo aprendido algo nuevo... Por otro lado ¿es normal que a uno se le ocurra beberse el líquido de la cocción de lo que comen sus cabras? Está claro que la curiosidad es una fuerza poderosa... ;)

atis dijo...

Estas cabras que buen paladar que tienen, lo mismo pasó con la amapola o "borracina" habrá que observar más a estos bichos a ver si así me hago más famosa que la cocacola hahaha

SoLo dijo...

Muy interesante la entrada. Desconocía la parte de la prohibición pero no me sorprende. El olor y el sabor de buena taza de café o el olor de los granos cuando se tuestan son una gozada para mis sentidos. Lo valoro más al recordar las recogidas de café cuando era muy joven, a primera hora de la mañana, con el frío y la humedad, empapada y asustada con las ranas que saltaban. No sé cómo será actualmente pero mis recuerdos deben ser un juego en comparación con las realidades de este mundo. Saludos.

Lucía_lamiradadeluci dijo...

¡Qué bueno, naia! No conocía la historia (con lo que me gusta a mí el café) así que espero impaciente la segunda parte. Un besote

Marcos Callau dijo...

Gran historia la del café. Algo bueno, lógicamente, tenía que ser prohibido. Saludos.

DRACO dijo...

las religiones siempre tratan de echar a perder los más gratos placeres.
menos mal que aquí tuvo que recular.

besos.

Rosana Martí dijo...

Un café para todos invita la casa.

Besitos gatunos.

Doctora dijo...

Qué interesante. Leí que antes la iglesia católica también lo consideraba una bebida prohibida, hasta que al parecer, apareció un Papa al que le molaba el café y cambiaron de opinión ;P

Amapola Azzul dijo...

Interesante. Besos.

A mi me gusta mucho, da igual, cafe, te, infusión, y es agradable tomarlo en compañia.
Un abrazo.

Linda explicación.

naia dijo...

Torito, simplemente seguían la primera norma de cualquier mentalidad autoritaria: lo que no puedo controlar, lo elimino

jeje Karin, ¿quién podría resistirse a una taza de café humeante?

Bipolar, quizá la autoridad de esos tiranos que dices se apoya en gran medida en nuestra indolencia, conformismo y pereza, en nuestro borreguismo vaya, que por cada lidercillo/a de pacotilla, a cualquier nivel, hay cien personas dispuestas a secundarle incondicionalmente (y el que se mueva no sale en la foto, ¿te suena?)

Kate, lo prohibido sabe el doble de bueno :)

jajjjajajaj Amigo Chuan, si las cabras se ponen contentas, sólo puede ser por tres motivos: algo que han comido, algo que han bebido o.. en fin, que menos mal que fue por la comida

Atis, muy buena puntualización, no lo sabía. La expresión «estar como una cabra» adquiere una nueva dimensión..

SoLo, en alguna parte he leído que los olores son la forma más inmediata (y persistente) de nuestra memoria, bonito recuerdo el que nos has compartido :)

naia dijo...

Luci, no sabemos nada de lo que vemos cada día, de lo que tocamos, de lo que comemos. Pasamos por la vida sin tiempo para desarrollar ni alimentar nuestra curiosidad, abstraídos en la pura supervivencia y reproducción, en la perpetuación como especie, cuando el tiempo es precisamente el único bien que poseemos, y la curiosidad lo que nos hace humanos

Marcos, como se suele decir, «contra el vicio de prohibir, el placer de pecar» (¿o no era exactamente así?)

Draco, coincido contigo, todo lo placentero parece ser enemigo natural de la religión, que basa su poder en el miedo y el dolor. Sin sufrimiento, ¿quién necesita consuelo?

Rosana, ¡me apunto a la invitación!

Doctora, creo que te refieres a Clemente VIII, quien ante las presiones de su feligresía, y cautivado él mismo por la bebida, llegó a oficiar una ceremonia simbólica de bautismo para el café, con palabras: «sería pecado dejar a los descreídos una bebida tan deliciosa. ¡Venzamos a Satanás impartiéndole bendición, para hacer de ésta una bebida verdaderamente cristiana!»

Amapola, comparto tu afición al café y coincido en que, en buena compañía y con una conversación interesante, sabe el doble de bueno :)

atis dijo...

Yo personalmente añadiría estar como una gata hahaha

naia dijo...

(ejem)