jueves, 25 de septiembre de 2008

ya..



..huele a otoño, cuando aún la mañana está despertando, se puede vislumbrar la perezosa niebla que acaricia las suaves curvas de la tierra. La humedad deposita pequeñas gotas sobra las hojas que brillan al proyectarse el sol sobre ellas. Parece surgir vida hasta del último rincón visible, buscando y orientando sus frágiles tallos hacia la claridad.

Los días van cediéndole minutos a la oscura noche, cubriendo con su manto grisáceo todo aquello que la rodea. El verde se doblega ante una gama de amarillos y marrones, para luego dar paso a la desnudez, donde no queda nada que ocultar.

El calor se va evaporando, quedando bajo tierra donde la vida aún late y se aletarga para seguir existiendo. Comienza la paciente espera bajo los brazos de morfeo.

ronronea:
atis

6 maullidos:

Quimera dijo...

El otoño siempre me recuerda a chinato:

Una sola puerta de tres, abierta.
Una sola puerta.

Enfrente, la montaña. Pasa la nube inmensa;toda suya... todo suyo.

Huracanes de vientos;lluvia andante semiparalela y en todo el monte funerales alegres, naturales,
de hojas muertas.

Los cabellos terráqueos danzan todos iguales al son de trompetas invisibles que vienen de los mares.

Llegó el otoño; llegó la muerte...
¡Mas no para todos!

Hoy morirán hojas y animales.Mas no morirán del todo y, en su transformación de mañana darán
con más calor a la tierra.
De su muerte, pasado mañana,
brotes de esperanza.

Y yo no he muerto. Me alegro de la lluvia y me alegro del viento.
Si tengo frío, me caliento; si tengo miedo, ¡Que no lo tengo!,
susurro y pienso... y para mañana
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza.

Una sola puerta de tres, abierta.
Una sola puerta inmensa.

Julián dijo...

No está nada mal vivir las estaciones poeticamente, ya te digo. Uno sigue con los problemas de siempre, pero está bien saber que en algún sitio hay hojas amarillas que caen, mola.

Maslama dijo...

hola quimera;
supongo que todo aficionado conserva en la memoria algún poeta o poesía asociados al otoño. Para mí, te vas a reir, es José Hierro:

Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

atis dijo...

Hola Julián,

La vida sigue, la diferencia es si un insignificante mortal es capaz de percibir su posición dentro de la misma.

Besos a punta de pluma.

Quimera dijo...

De pequeña, me deleitó El libro de las Alucinaciones.

Maslama dijo...

Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.