domingo, 15 de julio de 2012

inolvidable profesor Barraquer



Ignacio Barraquer nació en Barcelona en 1884. Sus prácticas de cirugía ocular empezaron muy pronto. A los doce años ya operaba ojos en conejos y cerdos bajo la cuidadosa vigilancia de su padre, José Antonio, que en 1902 fue el primer catedrático de Oftalmología de la Universidad de Barcelona. A los trece, don Ignacio extrajo una catarata de un ojo humano, con el consentimiento del paciente. El ojo estaba gravemente dañado e iba a ser enucleado por don José Antonio.

en 1908 se doctoró en Medicina por la Universidad de Barcelona con las más altas calificaciones. Desde el principio de su carrera se sintió fascinado por la dificultad de la extracción de cataratas. Las técnicas en uso, a base de dividir la membrana que encierra el cristalino a fin de extraer la masa opaca de la catarata, a menudo ocasionaba serias complicaciones.

un día de 1916, mientras observaba un pequeño acuario en su casa, vio cómo una sanguijuela levantaba un guijarro por succión. Esto le hizo pensar: ¿Por qué no utilizar los principios de la succión para extraer la catarata? Durante los meses siguientes diseñó una bomba en miniatura. El dispositivo, conocido familiarmente como «la ventosa» revolucionó la cirugía de cataratas. Don Ignacio la utilizó en más de treinta mil operaciones ―quizá más que ningún otro cirujano en la historia― con notable éxito. Viajó incansablemente por toda Europa haciendo demostraciones del instrumento. En París, en un congreso internacional de oftalmología, se dirigió así a los concurrentes: «Señores: comparen ustedes la pinza de prensión del cristalino con la uña de un gato, y mi ventosa con los labios de una mujer bonita. ¿Qué preferirían ustedes sentir sobre su mejilla?». El invento atrajo finalmente la atención del público en junio de 1920, cuando don Ignacio lo utilizó para devolver la vista a la viuda de Napoleón III, Eugenia de Montijo, de 94 años de edad.

también ideó docenas de otros instrumentos quirúrgicos que se emplean en todo el mundo. Miles de personas, incluido el propio don Ignacio, llevaban las gafas Barraquer, curvadas como el parabrisas de un coche para proporcionar una visión panorámica. Deseoso de que sus alumnos pudiesen observar sus operaciones más de cerca, inventó el oftalmoquiroscopio. Un espejo suspendido del techo, por encima de la cabeza del cirujano, reflejaba la imagen, dieciocho veces mayor, a través de una serie de lentes, en una pantalla del anfiteatro.

aunque atendía a unos seis mil pacientes al mes en dos clínicas, se sentía frustrado. Ambas clínicas resultaban pequeñas, y en ninguna de ellas disponía de espacio para su ampliación. Por la noche, después de catorce horas diarias de trabajo, esbozó los planos para la institución de sus sueños. «Ni los arquitectos ni los ingenieros podrían plasmar mis ideas en el papel», explicaba. Hasta los menores detalles se debían a Barraquer: puertas ligeras que cerraban suavemente sin necesidad de resortes; un aparato que inmovilizaba las ruedas de la camilla, convirtiéndola en mesa de operaciones; y un singular anfiteatro en el que los observadores se sentaban alrededor de la mesa de operaciones y podían ver, a través de unos paneles muy transparentes, las manos del cirujano a una distancia de poco más de un metro.


la Clínica Barraquer se inaguró en septiembre de 1940. Siete años más tarde se terminó de construir el Instituto Barraquer, un edificio de cinco pisos anejo a la Clínica. La Clínica y el Instituto se unificaron bajo el mismo nombre, Centro de Oftalmología Barraquer, en 1973, cuando se terminaron nuevos pisos que duplicaron el número de camas hasta 150, la mitad de ellas en régimen de dispensario. En 1962, la Clínica había inagurado el primer banco de ojos de la Europa continental.

sus hijos Joaquín y José Ignacio siguieron sus pasos, convirtiéndose ambos en eminentes cirujanos oculares que perpetuaron la labor de don Ignacio al frente del Centro. Don Ignacio no vivió lo suficiente para ver a la cuarta generación Barraquer ―dos nietos y dos nietas― seguir la carrera de oftalmología. En 1964 cayó gravemente enfermo con una afección hepática. Falleció el 13 de mayo de 1965 a la edad de 81 años. Aquella misma tarde sus hijos trasplantaron sus córneas a dos pacientes, en cumplimiento de su última voluntad.


(por el Dr. Alfredo Muiños, tal como se lo contó a Raúl Vázquez de Parga)

ronronea: claudia

8 maullidos:

Signum dijo...

Un crack total, menos mal que dejó mucha parte de su herencia.
Besos.

Lucía_lamiradadeluci dijo...

Creo que más bien por desgracia, conocía la historia de esta clínica. Toda una eminencia.

Un besote

ESTOY DE MINISORTEO: http://lamiradadeluci.blogspot.com.es

Scarlet2807 dijo...

Una maravilla tu entrada, cada vez que vengo, salgo con un baño de cultura, por eso me gusta tanto venir...
Besitos en el alma
Scarlet2807


PD: Solo una sugerencia ¿no sería mejor sacar esa verificación de palabras? cuesta tanto comentar, la mayoría ya lo han hecho

DRACO dijo...

aunque es bien sabido que muchos hijos siguen las mismas profesiones que sus padres, no deja de sorprenderme el precoz talento del dr. barraquer.
un beso.

claudia dijo...

Signum; si Barraquer hubiera nacido británico, hoy sería una leyenda. Nuestros conflictos de identidad se traducen en un desprecio general hacia la tradición, que a fin de cuentas es lo que nos convierte en lo que somos (otro tema es que nos guste lo que somos, claro)

Lucía; me disculpo de corazón si esta entrada te trajo malos recuerdos.

Scarlet; durante mucho tiempo el blog no tuvo verificación de palabras. La pusimos porque de repente empezó a llegar un montón de spam. Voy a quitarla de momento por consideración a ti, pero si ésto se llena spam no tendré más remedio que volver a ponerla.

Draco; hace poco hemos visto un caso parecido en la familia Fabergé. Cuando los hijos recogen y desarrollan el legado de sus padres, el resultado puede desbordar todas las expectativas.

Lucía_lamiradadeluci dijo...

No te preocupes, guapa. Cada cual con sus historias, así es la vida. Un beso enorme.

ISA dijo...

Es cierto que Barraquer,padre, ha sito toda una referencia en mi juventud. Cantidad de amigos de mis padres ibar a Barcelona sólo para tratarse con él.

Hoy la gente se desplaza más a Oviedo, creo, donde hay un oftalmólogo que creo que hace maravillas. No me acuerdo del nombre, pero varios conocidos/as viajar periódicamente a Asturias para su tratamiento.

ISA
www.sopasyletras.com

claudia dijo...

al oftalmólogo ovetense no le conozco. Si te puedo decir que al paso de tres generaciones la Clínica Barraquer me parece una buena opción, por sus excelentes instalaciones y porque recibe especialistas de todo el mundo, que llegan a Barcelona para formación e investigación atraídos por la fama internacional de Barraquer.

besos,