lunes, 25 de junio de 2012

la magia del shakuhachi



el shakuhachi, de más de mil años de antigüedad, es un instrumento musical extremadamente simple y, sin embargo, en manos de un virtuoso posee una gama tonal que ningún instrumento de viento occidental puede igualar.

su estructura resulta engañosa. Es un simple tubo de bambú verde, de unos sesenta centímetros de largo, totalmente hueco y con cuatro agujeros en el anverso y uno en el reverso. Tiene una escala de cinco notas que, en términos occidentales, serían Do-Re-Fa-Sol-La. Mediante esta escala pentatónica, el intérprete del shakuhachi que domine la técnica y haya aprendido a controlar la respiración puede expresar sus propios sentimientos a través del instrumento. Esta magnitud de la expresividad personal es el rasgo más relevante del shakuhachi. Tocar la flauta de bambú supone escapar a la tradicional doctrina de la música occidental que obliga al intérprete a seguir la partitura con precisión. La partitura del shakuhachi constituye sólo un esqueleto formado por las notas, no indica cuándo se debe tocar staccato o legato.


los orígenes del shakuhachi enraizan en las tradiciones del budismo zen. Según la leyenda, vivió en China durante el siglo IX un sacerdote zen de alto rango llamado Fuke quien, antes de morir, preparó su propio féretro, se metió en él y consiguió que un hombre que pasaba por allí le clavase la tapa. Al oírlo, el pueblo se reunió alrededor del féretro y lo abrió. ¡Pero el cuerpo del sacerdote no estaba allí! En su lugar, el pueblo escuchó el sonido de una campana que Fuke tocaba cuando pedía limosna.

la historia recuerda que, hace unos setecientos años, un budista japonés llamado Kakushin, que estudió el budismo zen en China, se interesó por la música del shakuhachi. Cuando terminó su educación, regresó a Japón llevando consigo el shakuhachi y una melodía especial. Se decía que esta canción, llamada Kyorei, encarnaba el sonido de la campanilla de Fuke. En los años siguientes, Kakushin enseñó a todos sus discípulos a tocar la flauta de bambú.



uno de aquellos alumnos, el sacerdote Kyochiku, llegó a ser un virtuoso en el arte del shakuhachi, y a su vez compuso una serie de melodías clásicas para este instrumento. La melodía Kyoku, por ejemplo, sugiere la imagen de una campana en la niebla. Al interpretar el shakuhachi, Kyochiku sentía que su mente se alejaba de los intereses materiales, se relajaba y era absorbido al estado perfecto de la conciencia zen, alcanzando una profunda experiencia espiritual. Con el fin de perpetuar esta experiencia, conocida con el nombre de suizen («interpretar la esencia del zen»), Kyochiku fundó la secta Fuke del budismo zen, adoptando el shakuhachi como símbolo de la misma. En Kyoto, Kyochiku construyó un templo llamado Myoanji, donde los sacerdotes de la secta Fuke aprendían a tocar el shakuhachi. Luego, con vestiduras sacerdotales y sombreros en forma de cono, los komuso (sacerdotes intérpretes del shakuhachi) abandonaban Kyoto para recorrer todo Japón tocando sus instrumentos y predicando las enseñanzas de su secta. De esta forma, a lo largo de los siglos, la flauta de bambú enraizó profundamente en la vida religiosa y secular de Japón.

ronronea: naia

11 maullidos:

Signum dijo...

Esto vamos a tener que tocar para ver si nos olvidamos un poco de la que está cayendo en España.
Por cierto, te envié un correo a tu mail.
Besos.

desdevaladilene dijo...

Peculiar sonido y bonita entrada :D

ISA dijo...

Desdeluego, que post más interesantes ponéis. Que sepas que los copio en word para tenerlos y leerlos con detenimiento.
Gracias ¡¡

(Por cierto, poner lo de la UTL, que no tengo cuenta en google porfi)

ISA
http://www.libros-literatura.com/inicio/literatura-anglosajona/274-ruth

Lucía_lamiradadeluci dijo...

¡Qué interesante! Y qué bonitas las fotos...me imaginaba la melodía mientras las miraba y me transmitía paz ;)
Un besoooo

http://lamiradadeluci.blogspot.com.es/

DRACO dijo...

el acto de silbar es inherente al ser humano y desde tiempos muy remotos cada cultura lo desarrolló mediante los artefactos más diversos y muchas veces de manera originalmente única. lo valedero es la riqueza musical que cada pueblo desarrolló.
un beso.

TORO SALVAJE dijo...

Lo que se aprende aquí no tiene precio.

Saludos.

Chelo dijo...

Nos gusta tener instrumentos "raros" en cuanto topemos con uno lo compramos.
Muy interesante . Un saludo

naia dijo...

Signum, a ver si toca la flauta y mejora un poco el panorama..

desdevaladilene, Lucía,, por vuestros comentarios vengo a pensar que ha faltado algo de música, mostrar como suena. Acabo de dejar a un concertista bastante conocido, Hukuda Teruhisa (la que viene después es su mujer, Kineya Shiho). También se pueden ver algunos monjes komusō aquí: http://www.youtube.com/watch?v=RlybT_mfNNo

Isa, no sé que es lo de la UTL, si me lo explicas con mucho gusto lo miro :)

Draco, por supuesto tienes toda la razón, sólo algunos seres humanos son capaces de elevar lo cotidiano a la categoría de arte (lo otro es sencillamente etnografía)

Toro, ¿cómo que no? ¡una raspa de sardina por cada cosa nueva que aprendas!

Chelo, espero que tengáis suerte y podáis encontrar un shakuhachi con facilidad (bueno, si sois coleccionistas, no demasiada, le quitaría encanto :))

Lucía_lamiradadeluci dijo...

¡Ohhhhhhh! Muchísimas gracias por deleitar a mis oídos.
Un besote

naia dijo...

de nada guapa, me alegro si lo disfrutaste

besos,

Rafael Castro martin dijo...

No esperaba encontrar shakuhacheros por Madrid pero me encanta saber que el sonido del shakuhachi se va moviendo como el viento... Desde Zaragoza, un saludo, y mil gracias, felicitaciones de todo corazón