lunes, 4 de junio de 2012

en Londres con Dickens (1 de 2)


«no había niebla en Londres hasta que Dickens la inventó»
(Oscar Wilde)


comenzamos el recorrido un mediodía nuboso en un estrecho callejón cercano al Banco de Inglaterra. Empujamos la puerta de The George and Vulture, probablemente la taberna más antigua del país y la escena parece una estampa del siglo XIX: filetes y chuletas chirrían en el viejo asador, sombreros hongos y paraguas cerrados cuelgan de las perchas, en las mesas se ven grandes tazas de peltre y, al fondo, compartimentos con cortinas donde almorzaron generaciones de londinenses famosos. Aunque el más célebre de todos ellos fue un hombre que jamás existió, Samuel Pickwick, el rotundo personaje con anteojos protagonista de Los papeles póstumos del Club Pickwick. Fue en este lugar donde se albergaron Mr. Pickwick y su incorregible criado cockney, Sam Weller, mientras esperaban el resultado del ruidoso juicio que por incumplimiento de promesa matrimonial entabló contra él la señora Martha Bardell, querellosa casera del primero. Y fue aquí, en la habitación de cortinas floreadas del piso superior (cuyas paredes aún están revestidas con el mismo roble, oscurecido con el tiempo) donde Mr. Pickwick recibió la citación.


para Dickens, el Támesis simbolizaba el destino siempre cambiante de sus personajes. Muchos de sus escenarios se ubican en las riberas del río, como una amplia escalinata de piedra que desciende hasta la orilla, al lado del Puente de Londres. Allí Nancy, una de las más conmovedoras «malas mujeres» del novelista, se encontró subrepticiamente con Mr. Brownlow y con Rose Maylie para ayudarles a descubrir el misterio que rodeaba el nacimiento de Oliver Twist, niño expósito. Otra de sus heroínas trágicas, ésta redimida, la Marta de David Copperfield, sollozaba: «¡Oh, el río! Sé que es como yo; sé que pertenezco a él; sé que es el compañero natural de las mujeres como yo. Proviene de inocentes lugares campestres, se arrastra por lúgubres callejuelas corruptas y miserables y, como mi vida, ¡se aleja rumbo a un mar siempre alejado!»


ascendiendo por la escalinata de Nancy hasta el nivel de la calzada, pasamos por delante de algunas tiendecitas hasta la calle Lant, donde en 1824 Dickens, niño todavía, vivió solo mientras su padre cumplía condena por deudas. Pudo haber sido el mismo John Dickens quien enunciara el teorema económico que su hijo puso en boca del siempre insolvente Micawber: «Ingreso anual, 20 libras; gastos anuales, 19 libras, 19 chelines y 6 peniques; resultado, felicidad. Ingreso anual, 20 libras; gastos anuales, 20 libras y 6 peniques; resultado, miseria». David Copperfield era Charles Dickens. El niño abandonado de la novela trabajaba en una bodega infestada de ratas, y el verdadero en una fábrica de betún no lejos de allí. David ponía marbetes en las botellas de vino y Charles en los frascos de betún, por seis chelines semanales.


cuando Dickens era joven, se aglomeraban muchos edificios en el sitio donde hoy está Trafalgar Square. Había allí una conocida posada, The Golden Cross, donde el escritor albergó a David Copperfield y a sus condiscípulos, y donde aquel famoso estafador, Alfred Jingle de Ninguna Parte, acaso el más afectuoso bribón de la literatura británica, entabló relación con Mr. Pickwick. Frente a The Golden Cross, al otro lado de la estrecha callejuela, se alzaba la noble iglesia de St Martin in-the-Fields, que todavía está en ese lugar. En sus gradas, David Copperfield encontró al agobiado y exhausto Mr. Peggotty, casi al final de su larga peregrinación en busca de la pequeña Emily, su adorada sobrina.


por las calles y plazas vecinas van y vienen personajes de Dickens. Sydney Carton, el brillante abogado borracho de Historia de dos ciudades, guió a Charles Darnay, el francés que tanto se le parecía, «calle debajo de Ludgate Hill a la calle Fleet y luego, por un camino cubierto, hasta una taberna». Era la Cheshire Cheese, de fama mundial. No lejos de allí, «en lo más alto de la última casa de Garden Court, cercana al río», vivía Pip, personaje de Grandes ilusiones.



segunda parte parte: en Londres con Dickens (2 de 2)

ronronea: claudia

7 maullidos:

miquel zueras dijo...

Me ha encantado el post. Aún hay lugares en Londres que se conservan virgenes, no como Whitechapel que me pareció un anodino barrio de oficinas sin rastro de niebla ni Jack el Destripador.
De tu post anterior me encantan los dibujos de Alfredo al que conocí en una exposición en Malasaña. Me gusta mucho Madrid, es una ciudad que me hace sentir cómodo. Hasta puse mi grano de arena en la movida, lo cuento en mi post "Movida: 30 años" del 2 de octubre del 2010. Besos. Borgo.

desdevaladilene dijo...

Apasionante recorrido... espero para seguir tomando notas la segunda entrada en las gatas...

frank dijo...

Una pregunta la foto 3 de que año es?

Lucía_lamiradadeluci dijo...

No puede ser... me habéis creado necesidad de Londres!!!!
Un besooooo

ESTOY DE SORTEO: http://lamiradadeluci.blogspot.com.es/

Signum dijo...

Habrá que visitar esas calles de Londres. Por ganas no será...
Besos.

DRACO dijo...

no sé porqué evito leer a dickens teniendo algunos libros de él como "historia de dos ciudades", "david cooperfield" y algunas más cuyos títulos no recuerdo.
será tal vez que he leído tantos buenos artículos -como este post- sobre dickens que de alguna forma lo tengo muy presente al conocer el contenido de sus libros. un beso.

claudia dijo...

Miquel, he corrido a leer tu post sobre la movida, ¡ainnnsssssss cuántos recuerdos me ha traído! para mí fue una época ingenua y vital, estrenando libertad y dando rienda suelta a la más loca imaginación

desdevaladilene, enseguida llega la segunda parte :)

frank, no sabría decirte con exactitud, en torno a 1824

jajajjjjaaa Lucía, Londres es una ciudad con mucho encanto, seguro que si te dejas arrastrar no te decepcionará

Signum, ya sabes lo que se dice,
«si tu mujer te manda saltar por una ventana, mejor que vivas en un piso bajo»

Draco, personalmente creo que la atracción por los libros es como la atracción entre las personas, si un título o un autor no te llama, mejor dejarlo correr (quizá en el futuro..)