domingo, 9 de septiembre de 2007

express train



Travis Ruse es un neoyorquino que viaja diariamente en tren para ir y volver del trabajo, en Manhattan. Cada día toma una fotografía en algún momento del viaje y la coloca en su fotoblog.

El resultado es una colección de imágenes que capturan instantes pero a la vez, a lo largo del tiempo, cuentan una historia: pasan las estaciones (del tren y del año), algunas caras se repiten y otras son nuevas, algunos van y otros vienen..

http://www.travisruse.com


ronronea: ojo de gata

6 maullidos:

Milagros Sánchez dijo...

Me ha parecido muy interesante este fotógrafo que desconocía por completo. Cliqué en esa dirección que aparece al final del post y he estado ojeando sus fotografías, la verdad que algunas impresionan.
La que habeis colgado, o quizás, la que colgaste tú, Claudia, la encuentro impactante.

Besos con "suspense"...je,je,je :))

claudia dijo...

me llamó la atención la calidad de las imágenes (kam insiste en que están hechas con un móvil), pero sobre todo la capacidad de Travis para convertir en una experiencia profunda e intensa algo tan banal como el camino al trabajo. Supongo que es lo que llaman arte..

kam dijo...

he estado echando un vistazo.. el autor dice que uilizó para hacer las fotos dos Canon, 5D y 20D.. y que hizo las fotos sin pedir previamente permiso! vamos, a mí me apunta un lunes por la mañana en el metro con un bicho de éstos, y le estrangulo allí mismo con mis propias manos..

Quimera dijo...

hace tiempo me paso algo parecido. hace unos años usaba el bus urbano para ir a mi trabajo. era un trayecto largo hasta el parque tecnológico así que los usuarios soliamos ser siempre los mismos. solía leer o escuchar música hasta que la vida en directo suplió mi entretenimiento.

empece a darme cuenta de cómo tonteaban dos. como ella con su lenguaje corporal le invitaba ha hablarle muy cerca. como él hablaba y hablaba sin parar de mil cosas y ella sonreía, callaba y asentía.

un día, (un lunes, por supuesto), ella apareció ya echada sobre él. aquel fin de semana había pasado algo. ella ya se atrevía a esbozar las primeras palabras entre caricias en su mejilla que él cortaba con apreciaciones poco sutiles sobre cualquier opinión.

y así los días hasta que ella poco a poco fue dejando de prestale atención. paso a ser él quién la sostenía y abrazaba, en actitud casi posesiva mientras ellas se evadía cada vez más. sus palabras dejaron de ser cantos sagrados para convertirse en aburridos sermones que ignorar durante el interminable trayecto.

así un día tras otro hasta que por fín, ambos se sentaron en asientos diferentes y no volvieron ha dirigirse ni tan siquiera una mirada.

así que volví a los libros pero nunca volvió a ser lo mismo.

claudia dijo...

cuando trabajaba en el parque tecnológico, solía llegar tarde para tomar el autobús de línea. Entonces me veía obligada a coger el tren, y depués un minúsculo bus del pueblo, que por la hora iba lleno de niños camino del colegio. ¡Qué palizas me pegaban!

Había una niña de pelo corto, muy seria con sus amigas, que solía observarme con disimulo. Yo fingía que me concentraba en el periódico, e intentaba evitarla en aquel bus tan pequeño.

Una mañana de primavera algo cambió. La cría reía más alto, me miraba con más descaro, y coqueteaba cómplice con otra muchacha de ojos castaños.

Al cabo de un tiempo cambié de trabajo y no volví a tomar el bus. Y es curioso, lo que recuerdo con más cariño de aquella época es la niña seria que cada día me observaba.

Milagros Sánchez dijo...

Claudia ya sabes que siempre la vida real mejora con creces la ficción y tu curiosa historia en el bus ha sido todo un ejemplo y me gustó leerla.


Besitos con muchas sonrisas ;))