lunes, 21 de mayo de 2012

Ukiyo-e



a principios del siglo XIX, cuando los importadores de vajillas asiáticas recibían sus platos y vasijas envueltos en hojas de papel adornadas con imágenes impresas, sonreían ante las bárbaras figuras y las tiraban a la basura. En 1862 se presentaron por primera vez grabados japoneses en la Exposición Internacional de Londres, y los amantes del arte europeos descubrieron una nueva manera de ver, un modo de evocar brillantemente una imagen mediante un mínimo de líneas espontáneas y macizas superficies de color.

el grabado en color floreció en Japón durante un breve período, entre la década de 1740 y la de 1860. Durante esos años, el país se hallaba cerrado al mundo. Los extranjeros tenían prohibida la entrada, y los japoneses no podían salir bajo pena de muerte. La libertad estaba severamente reglamentada, e incluso una crítica indirecta a los gobernantes podía ser causa de arresto. Los habitantes de Tokio buscaban evasión en el barrio de las diversiones, Yoshiwara, que con sus casas de geishas y restaurantes desarrollaba una intensa actividad. De este mundo de placeres, embellecido por la luz de la luna y los capullos de cerezo, por canciones y vino y mujeres bonitas, tomó su carácter el arte del grabado en color. Incluso su propio nombre hace referencia a tal atmósfera, Ukiyo-e, «imágenes del mundo flotante». Producido casi exclusivamente en Tokio por hombres enamorados de la brutal ciudad y sus habitantes, fue un arte festivo, petulante e irreverente.

pero, ¿quiénes eran los artistas? Para los miembros de la clase dirigente japonesa, formaban parte de la masa común, plebeyos, hombres sin categoría social cuyas vidas no se consideraban dignas de ser registradas. Por ejemplo, casi no se sabe nada de Sharaku, autor de vívidas estampas de actores gesticulantes que son hoy muy buscadas.


Moronobu era hijo de un bordador, y de niño trabajó en el oficio de su padre. Más tarde se hizo monje.


el padre de Hiroshige era fogonero, y sin embargo nadie ha representado de un modo tan elocuente el crepúsculo, la luz de la luna o un tibio aguacero de verano (ver Cien famosas vistas de Edo, Las cincuenta y tres estaciones de Tōkaidō).


Kuniyoshi, hijo de un tintorero de sedas, vendía esterillas usadas para ganarse la vida.


se dice que Hokusai, hijo adoptivo de un fabricante de espejos, vendía dulces y pimientos a orillas del río, en Tokio. Nos ha legado algunas de las estampas más célebres, como La gran ola de Kanagawa, que encabeza este post.


Kiyonaga creció en los vulgares alrededores del mercado de pescados, y resultó ser el colmo del refinamiento. Su especialidad eran estampas de bellas mujeres de Tokio, lánguidas y esbeltas.


para muchos amantes de los grabados, el artista más destacado de todos ellos fue Utamaro. Utamaro buscaba sus modelos entre las geishas de Yoshiwara, princesas del barrio de las diversiones, y las retrataba con nobleza y elegancia.


la edad de oro del Ukiyo-e termina con la apertura de Japón, a mediados del siglo XIX. Aunque se siguen haciendo estampas en color (y todavía se producen según la fórmula tradicional), el arte del Ukiyo-e no ha recuperado su esplendor. Perdida la originalidad, los colores tornados chillones, el genio reemplazado por la mediocridad.

y una curiosidad: durante esta época tuvo una enorme popularidad el género conocido como shunga, extensamente cultivado por la mayoría de los artistas debido a la gran demanda de imágenes eróticas.

ronronea: naia

7 maullidos:

Marilyn Recio dijo...

Maravillosa entrada. Desconocía el tema, bella imagenes!!

desdevaladilene dijo...

¡Oh! ¡Qué exóticas ilustraciones...!

Rosana Martí dijo...

Una preciosa leyenda con ilustraciones fantásticas un buen trabajo, porque además das facilidad de consultar los nombre propios y palabras que desconocemos.

Un besote preciosa y feliz semana.

Alson dijo...

Los japoneses son peculiares hasta lo insospechado...

DRACO dijo...

los ojos de ese pulpo ya sufren de estrabismo total. ¡y no es para menos! un beso.

naia dijo...

Marilyn; lo que más me asombra de estas creaciones es su modernidad, ¡todas proceden de los siglos XVIII y XIX!

desdevaladilene; ¡oh, para exótico el enlace de «shunga»! :)))

Rosana; ¡que no es una leyenda! ¡que es de verdad!

Alson; me fascina la cultura nipona, su complejidad y riqueza

jajajjjjaaa Draco, de ésta se queda tonto para los restos..

desdevaladilene dijo...

...uis... cierto...que no le había dado yo al link...